Dicen que todos tenemos un similar a nosotros en este mundo. No quise creer, porque no me convenía...
Caminaba de regreso a casa porque la lluvia no quería esperarme hasta parpadear, ni era eterno para ella ni la dama para mí. Allí estaba el noble vecino metiendo los espejos que compró para el cuarto de su hija.
—Nos apuramos entonces para que no nos lluevan ¿verdad? —Le sonreí.
— Oiga... ¿No pasó a la casa hace rato?
— ¿Perdón?
—Usted había venido a su casa hace cinco minutos...
—Claro que no, vengo del mercado...
—Dijo que se llamaba Tomás...
¿Otro Tomás? Aterrado pasé a mi casa para saludar a mi esposa. Las paredes se hacían pequeñas, como si las manos giraran hacia los costados del volcán. No era una marea simple, era una tormenta. Los cuadros se odiaban mutuamente, sin parar la guerra de alas negras. Las escaleras eran un caracol revesado... ¿cómo subiría? Simplemente como bajaría. Seguí el segundo piso. Mi bella niña dormitaba como bandera reposa en su patria. Me vio.
— ¿Se le ofrece algo, señor?
— ¿Mirella, qué te pasa, acaso no me conoces? Soy Tomás.
—Tomás vino hace rato. ¿Le puedo ayudar en algo?
—¡Yo soy Tomás!
—Hay té en la alacena, esta lluvia lo puede enfermar...
Y salí de la recámara. Al otro lado alguien abría los cajones. Entré a la siguiente habitación. Era una de mis hijas.
— ¡Pequeña, qué bien que te encuentro!
— ¿Necesita algo señor?
— ¿No me reconoces? Soy tu papá.
—Mi papá tomó una copa de vino y se encerró en su cuarto. Él se llama Tomás. Usted no es Tomás.
Salí para llegar hacia mi cuarto de estudio. Anteriormente confirmé la botella de vino. Completa se encontraba, ni una gota carmesí fue desquiciada. Arrebaté una copa y la llené, si no era él es que yo era el loco. Entonces en mi escritorio se susurraban los cajones vacíos que se desprendían de su sitio. Afuera había una inundación, los coches eran barcas de laguna, y mi cuarto, era seco como estepa. Pero no había individuo de tal nombre… un hombre estaba a mis espaldas, y con seguridad intranquila, levantó su copa la arrojó al suelo y me encerró en el cuarto....
— ¡No por favor!
— ¿Qué pasó querido?
—Un sueño muy aturdido tuve...
— ¿Qué soñaste?
—Soñé que un hombre entraba a nuestra casa y yo lo encerraba en mi cuarto de estudio...












